martes, 21 de noviembre de 2017

Se puede vivir de ser youtuber?


Solo 0,6% del total de vídeos colgados en YouTube pasa de un millón de visitas, mientras más de 50% no llega al millar de visitantes

Hace pocos meses, el youtuber más famoso del mundo, Casey Neistat, vendió su marca Beme a CNN por US$25 millones. Una vez más este tipo de noticia de negocios se extendió como fuego por las redes sociales y los medios de comunicación tradicionales; la economía siempre sorprende con emprendimientos que suelen volverse modas en todos los países, pero este caso tiene componentes muy diferentes, pues no hay un desarrollo tecnológico disruptivo de por medio, sino una forma distinta y original de generar contenido informativo, característica fundamental en todos los casos de éxito de algunos youtubers reconocidos.

Neistat se apalancó en los desarrollos tecnológicos que la gran industria pone al alcance de los consumidores, como los drones, los smartphones o las cámaras GoPro y los utilizó para dar rienda suelta a su talento en las redes sociales. Esa es la primera enseñanza de este nuevo negocio, de nada vale acceder a la tecnología vanguardista o comprar los aparatos de punta, si no existe talento o contenido valioso y exclusivo de por medio. Otra de las características de los youtubers con algún tipo de éxito, quienes han hecho de su talento una forma de vida, es que venden experiencias propias y conectan fácilmente con los mayores consumidores de contenido en línea, como es la generación millennials (1980-1999), más interesados en las experiencias, que en las marcas de las empresas tradicionales.

Es un hecho que ha entendido muy bien Google, la empresa dueña de YouTube, y que empieza a pasar de ser una moda pasajera para convertirse en una verdadera tendencia social de cambio, que no tiene reversa. Se empieza a notar que los más jóvenes -generación Z (2000-2020)- no le creen a la publicidad ni a las formas tradicionales de comunicación y avanzan en su desarrollo con una curiosidad innata como si fueran protagonistas de un videojuego.

YouTube -que a propósito es el verdadero tercer canal- ha entendido que a la gente le gusta hacer videos y ser protagonista de ellos y sobre eso ha montado un negocio arrollador: ¡pagarle a la gente por hacer lo que le gusta! Eso si, si tiene éxito y logra ser seguido por multitudes a las que ya no les gusta seguir, sino que los sigan.

Casi todas las empresas tienen presencia en la web y procuran poner anuncios y publicidad para poder financiarse, pero YouTube, que es la herramienta de Google para masificar videos, facilita colgar lo que se antoje, que genera una bola de nieve de contenidos de todas las calidades, de tal manera que cada vez que se rueda un video se pone en marcha toda una red de publicidad. Los anuncios pagan a YouTube y cuántas más visitas tenga el vídeo más caro será anunciarse en él. Al final de cuentas, esa dinámica genera nuevos reyes del contenido les pagan porque generan muchos ingresos. A grandes rasgos el modelo de negocio de un youtuber es que por el millar de visitas se paga en promedio un dólar, que solo se hace efectivo cuando se superan los US$100. Una labor nada fácil, máxime si se tiene en cuenta que sólo 0,6% del total de videos que cuelga la gente en todo el mundo llega a un millón de visitas. Para ganar un salario mensual de $1.000.000 debe aventurarse con mínimo 4 videos y hacer mercadeo para lograr 84.000 visitas permanentes, todo se puede, pero con calidad de contenido y originalidad.